El colegio que le dio nombre a San Ángel

San Ángel, CDMX

Si hoy decimos San Ángel es por un edificio. En 1615, los carmelitas descalzos empezaron a levantar aquí el Colegio de San Ángel Mártir, y de ese nombre —acortado con los años— salió el del barrio entero. Antes, este lugar se llamaba Tenanitla, palabra náhuatl que quiere decir “lugar amurallado”, por las barreras de roca que dejó la erupción del volcán Xitle.

El diseño estuvo a cargo de un personaje fascinante: fray Andrés de San Miguel, arquitecto de la orden, que entre 1615 y 1617 construyó un edificio que sigue siendo uno de los ejemplos más bellos de la arquitectura novohispana. La regla carmelita pedía austeridad, y por eso las líneas del convento son sobrias; pero con el tiempo llegaron el barroco del lavabo —recubierto de loza poblana azul y blanco— y la ornamentación de la cripta.

Los frailes cercaron una huerta enorme, de unas 40 hectáreas, que se extendía hasta lo que hoy es Chimalistac. Aprovechaban las aguas del río Magdalena con obras hidráulicas, y de esa huerta vivían. Lo que queda de ella son los jardines del actual Museo de El Carmen, un oasis de árboles frutales en medio de la ciudad, presididos por un joven ahuehuete al que le dicen “el viejo del agua”.

El convento dejó de funcionar como tal durante la Guerra de Reforma. Con los años el edificio fue cárcel, bodega y hasta cuartel militar. En 1926 abrió en su perímetro la Escuela de Pintura al Aire Libre, y desde 1939 pertenece al INAH como museo. Si quieres verlo por dentro —incluidas las famosas momias de la cripta— la ficha está aquí: Museo de El Carmen. Es, con toda razón, el corazón del barrio desde hace más de cuatrocientos años.

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