En la esquina de Altavista y Diego Rivera hay dos casas que parecen sacadas de otro tiempo… o mejor dicho, adelantadas a su tiempo. Son la Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, y las diseñó el arquitecto Juan O’Gorman en 1931.
O’Gorman hizo algo revolucionario: dos volúmenes independientes —una casa-estudio para Diego, otra para Frida— conectados por un puente elevado en el segundo nivel. Cada quien tenía su espacio de trabajo, separado pero unido, como su propia relación. Se considera uno de los primeros ejemplos de arquitectura funcionalista en América Latina, y hoy es monumento artístico reconocido por el INBAL.
Diego vivió ahí hasta 1957; Frida, de manera intermitente entre 1934 y 1941. La colección incluye obra pictórica, objetos personales, documentos y hasta piezas de arte prehispánico que Rivera coleccionaba. Es un lugar donde se respira el México moderno.
San Ángel fue durante décadas refugio de artistas: por aquí vivieron también Salvador Novo, Dolores del Río, el Indio Fernández y Manuel Álvarez Bravo. No es coincidencia que el barrio siga lleno de galerías. Si después de la visita quieres seguir con arte, date una vuelta por Jardín del Arte San Jacinto o entra a un café con historia como Cluny, a unos pasos.

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